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Engagements & Développement durable

En los Masters de Feu, el reto de un espectáculo cada vez más responsable

Los fuegos artificiales tienen un impacto ambiental real, pero a menudo mal evaluado. En los Masters de Feu, organizadores y artificieros trabajan sobre los productos, el diseño de los espectáculos, la limpieza de los espacios y la movilidad del público para reducirlo.

Abanicos verdes y dorados coronados por ramos en los Masters de Feu
Frédéric Lepla

Durante unos decenas de minutos, el cielo se incendia. Luego las luces se apagan, el público abandona el recinto y comienza otra parte del trabajo: controlar las zonas de disparo, recoger los residuos, limpiar los espacios ocupados y extraer las enseñanzas de la edición concluida.

Durante mucho tiempo, el éxito de un espectáculo pirotécnico se midió por la emoción que producía, por la calidad de su banda sonora o por la precisión de su sincronización. Esos criterios siguen siendo esenciales. Pero ya no bastan.

Como todos los grandes eventos culturales, los Masters de Feu deben ahora responder a una exigencia que se ha vuelto ineludible: reducir su impacto medioambiental sin renunciar a su vocación primera, la de reunir y asombrar.

Reconocer los impactos sin caricaturizarlos

Un espectáculo de fuegos artificiales no es una actividad neutra.

Su realización implica la fabricación y el transporte de productos pirotécnicos, la combustión de materias activas, emisiones puntuales de partículas, ruido, desplazamientos de personal y espectadores, así como la generación de residuos.

Reconocerlo no debilita la pirotecnia. Al contrario, permite identificar los verdaderos palancas de mejora.

Sin embargo, el debate público suele verse afectado por dos excesos opuestos. El primero consiste en negar cualquier impacto. El segundo, en presentar cada espectáculo como una catástrofe ecológica, apoyándose a veces en cifras antiguas, casos excepcionales o datos sin contexto.

La realidad es más compleja.

Los efectos varían según la duración del espectáculo, la cantidad y naturaleza de los productos utilizados, la configuración del lugar, las condiciones meteorológicas, la época del año y el número de espectadores acogidos.

Medir el conjunto del evento

Para actuar con eficacia, todavía hay que saber dónde se sitúan las principales emisiones.

Un balance de carbono realizado en 2025 por la consultora Carbometrix sobre la Fiesta del Lago de Annecy aporta una luz concreta. Este estudio, llevado a cabo según el GHG Protocol, se refiere a un espectáculo pirotécnico de 70 minutos que movilizó cerca de dos toneladas de materia activa y reunió a unos 202 000 espectadores.

El resultado es revelador: los desplazamientos del público representan el 97 % de la huella de carbono global evaluada. Los artificios representan aproximadamente el 1 %.

Esta constatación no significa que la pirotecnia carezca de impacto. Muestra que, en un evento de esta magnitud, el principal apartado de emisiones se encuentra en otra parte: en los trayectos necesarios para llegar al recinto.

La reducción de la huella medioambiental de un gran espectáculo no puede, por tanto, basarse únicamente en los productos disparados. También exige reflexionar sobre el transporte público, el coche compartido, los accesos, el estacionamiento y la información al público.

Un diseño más preciso de los espectáculos

La evolución pasa también por la manera de concebir los fuegos.

Los sistemas de disparo digitales permiten hoy programar cada lanzamiento con gran precisión. Este dominio mejora la sincronización, pero también permite construir secuencias más refinadas, en las que cada producto cumple una función artística determinada.

La cuestión no es solo disparar menos. Es disparar mejor.

Un espectáculo trabajado al detalle puede ganar intensidad gracias al ritmo, los silencios, la música, la variedad de alturas y la complementariedad de los efectos, en lugar de mediante una acumulación permanente de materia.

Esta búsqueda de eficacia artística constituye una de las palancas más concretas de la pirotecnia contemporánea: producir más emoción con cantidades mejor controladas.

Productos y prácticas que evolucionan

Los fabricantes también están haciendo evolucionar sus métodos y sus composiciones.

Según los productos y sus usos, la investigación se centra en particular en la reducción de ciertos componentes, el control de los humos, la mejora de la combustión, la limitación de las caídas sólidas y el uso de materiales más fácilmente recuperables o reciclables.

Estas evoluciones siguen siendo progresivas. No todos los colores y efectos pueden obtenerse con los mismos componentes, y hoy no existe ningún producto pirotécnico totalmente libre de impacto.

Por tanto, la apuesta consiste menos en prometer una revolución inmediata que en organizar una mejora continua, producto tras producto y espectáculo tras espectáculo.

Un pliego de condiciones impuesto a los equipos

En Masters de Feu, esta responsabilidad se traduce desde la preparación del evento.

Los equipos internacionales participantes deben respetar las limitaciones técnicas, medioambientales y de seguridad propias del lugar. La elección de los productos, su implantación, las zonas de caída y la organización de los puestos de disparo son objeto de un trabajo previo preciso.

Los pirotécnicos también son sensibilizados respecto al respeto de los espacios que ocupan. Las instalaciones temporales deben estar controladas, los materiales recuperados y las zonas de trabajo dejadas limpias tras las operaciones.

El carácter espectacular del evento no exime de esta disciplina. Al contrario, la hace indispensable.

Tras el gran final, la limpieza

El público ve el fuego. Ve menos a menudo lo que sigue.

Después del espectáculo, los equipos inspeccionan las zonas de disparo y de caída. Los residuos visibles se recogen, los equipos se desmontan y los desechos se dirigen a las vías disponibles.

Esta fase puede prolongarse hasta el día siguiente del evento. Es esencial, especialmente en espacios naturales, agrícolas o deportivos.

La recuperación íntegra de cada fragmento sigue siendo difícil de garantizar en una gran superficie, pero el objetivo es claro: reducir al máximo las huellas dejadas por el espectáculo y devolver el lugar en el mejor estado posible.

La reutilización del material también forma parte de esta lógica. Morteros, estructuras, cableado, protecciones, equipos de disparo y ciertos embalajes pueden servir en varias operaciones, limitando así la producción de residuos de un solo uso.

La fauna, un asunto que requiere matices

El impacto del ruido sobre los animales forma parte de las cuestiones más sensibles.

Los estudios científicos disponibles muestran que los fuegos artificiales pueden provocar reacciones de huida o de despegue, especialmente en ciertas especies de aves. La intensidad de estas reacciones depende, no obstante, en gran medida del lugar, de la estación, de la proximidad de dormideros o zonas de nidificación y de la repetición de los disparos.

Estos estudios deben tomarse en serio. Sin embargo, no permiten concluir que cada espectáculo provoque sistemáticamente una mortalidad masiva.

La respuesta adecuada consiste en estudiar las características del lugar, evitar las zonas más sensibles cuando sea posible e integrar la biodiversidad en la preparación del evento. En este tema, como en los demás, el conocimiento científico debe primar sobre las fórmulas espectaculares.

Sequía y riesgo de incendio

Los recientes episodios de sequía también han vuelto a situar el riesgo de incendio en el centro de las preocupaciones.

Un espectáculo profesional va precedido de un análisis del lugar y de los riesgos. La vegetación, las distancias de seguridad, las condiciones meteorológicas, el viento, los medios de extinción y el acceso de los equipos de emergencia forman parte de los parámetros estudiados.

Cuando las condiciones ya no permiten garantizar un nivel de seguridad suficiente, las autoridades pueden restringir o prohibir los disparos.

Dado que los Masters de Feu se organizan en una fecha fija, su aplazamiento no es una solución operativa. La prevención y la anticipación son, por tanto, esenciales. La seguridad del público, de los equipos y del lugar sigue siendo la condición previa para la celebración del espectáculo.

No confundir ecología con renuncia

La transición medioambiental se presenta a veces como una sucesión de prohibiciones y privaciones.

Sin embargo, esa visión no constituye la única vía posible.

En muchos sectores, los avances han llegado gracias a la innovación, la medición y la mejora de las prácticas. La pirotecnia puede seguir el mismo camino: conocer mejor sus impactos, actuar sobre los puntos más importantes, hacer evolucionar los productos y concebir los espectáculos con mayor precisión.

El disfrute del público y la responsabilidad medioambiental no son necesariamente incompatibles. Pero sí obligan a organizadores, pirotécnicos, fabricantes, administraciones y espectadores a trabajar en la misma dirección.

Una labor que debe continuar

Masters de Feu no pretende haber eliminado el impacto de su actividad.

La ambición es más realista: comprenderlo, medirlo y reducirlo progresivamente.

Eso supone aceptar el debate, incluso cuando es crítico. Pero también supone que ese debate se apoye en datos correctos, estudios correctamente interpretados y comparaciones coherentes.

Un gran espectáculo popular puede seguir existiendo al tiempo que evoluciona. Probablemente ahí reside el verdadero desafío: preservar la emoción sin ignorar los retos de nuestro tiempo.