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Pyrotechnie

Entrevista con Frédéric Lepla: el arte de fotografiar fuegos artificiales

Fotógrafo profesional afincado en Oise, Frédéric Lepla se ha consolidado como una mirada singular en la fotografía pirotécnica. En esta entrevista, comparte su método, sus reconocimientos previos, sus elecciones de equipo y lo que convierte un espectáculo de fuegos artificiales en una imagen memorable.

Interview de Frédéric Lepla: l’art de photographier les feux d’artifice

Fotografiar fuegos artificiales no consiste solo en disparar en el momento justo ante un cielo iluminado. Se trata de anticipar, componer, comprender la mecánica de un espectáculo pirotécnico y aceptar que la imagen final nace de un acontecimiento que no volverá a repetirse. Fotógrafo profesional desde 2010, Frédéric Lepla ha convertido esta disciplina exigente en una de sus señas de identidad. Con motivo de los Masters de Feu 2019, nos habló de su trayectoria, sus técnicas y sus recuerdos de grandes espectáculos en todo el mundo.

El fuego artificial, una emoción de la infancia convertida en lenguaje visual

Para Frédéric Lepla, la fuerza de un fuego artificial reside прежде de todo en su carácter efímero. Una bomba estalla, se despliega, deja una huella de luz y desaparece. La fotografía interviene precisamente en ese intervalo: conserva lo que el público solo alcanza a vislumbrar. El fotógrafo habla con gusto de poesía, de humo, de pólvora negra y de colores que despiertan un asombro muy sencillo, el de los primeros cohetes contemplados en la infancia.

Pero la pirotecnia contemporánea ya no se limita a una sucesión de estallidos de color. En los grandes concursos y espectáculos musicales, la emoción nace también de la sincronización. Un efecto no es solo bello por sí mismo: se vuelve más intenso cuando se funde con una frase musical, una ruptura de ritmo o un silencio. En Compiègne, esa precisión forma parte de la experiencia. Los Masters de Feu ofrecen al fotógrafo un terreno ideal: una escritura pirotécnica, un público numeroso, un espacio reconocible y una dramaturgia completa que capturar en pocos segundos.

De una trayectoria de fotógrafo generalista a la especialización pirotécnica

Frédéric Lepla inicia su actividad profesional en 2010. Como muchos fotógrafos independientes, comienza cubriendo universos variados: bodas, eventos corporativos, conciertos, reportajes. Poco a poco, se perfila una especialidad. La pasión personal por los fuegos artificiales, pero también la compatibilidad de los espectáculos nocturnos con su forma de trabajar, le llevan a desarrollar una mirada cada vez más precisa sobre la pirotecnia.

El verdadero punto de inflexión llega en 2012, durante un espectáculo pirotécnico en Annecy. Tras la difusión de sus imágenes en las redes sociales, los artificieros reparan en su trabajo. A partir de ahí, los encargos se multiplican. El fotógrafo, afincado en Oise, pasa a documentar espectáculos en Francia y en el extranjero, con una doble exigencia: producir una imagen espectacular, pero fiel al espíritu del show.

Lo que realmente distingue la fotografía pirotécnica

La fotografía de fuegos artificiales se basa en una paradoja. El espectáculo es rápido, a veces extremadamente denso, pero la imagen se construye con tiempos de exposición largos. Allí donde un retrato puede fijarse en una fracción de segundo, una fotografía pirotécnica acumula la luz durante varios segundos, y a veces más. La cámara registra entonces la trayectoria, el despliegue y la persistencia luminosa de los efectos.

Todo el reto consiste en llenar la imagen sin saturarla. Si el tiempo de exposición es demasiado corto, no cuenta lo suficiente. Si es demasiado largo, quema las altas luces, ahoga la escena y convierte la delicadeza del fuego en una masa confusa. Ahí es donde entra en juego la experiencia del fotógrafo: conocer las familias de efectos, intuir los cuadros, saber cuándo abrir y cuándo detener la exposición. El éxito depende menos del azar que de una sucesión de decisiones tomadas antes y durante el espectáculo.

Componer con el lugar: la importancia del hipódromo de Compiègne

Frédéric Lepla insiste en un punto esencial: una foto de fuegos artificiales sigue siendo, прежде de todo, una foto. Por tanto, obedece a las reglas de la composición, del encuadre y de la lectura visual. Un cielo iluminado puede impresionar, pero se vuelve más interesante cuando se integra en un decorado. Un monumento, una arquitectura, una línea de horizonte o una multitud aportan escala e identidad al espectáculo.

En Bruselas, el Atomium puede transformar una imagen de fuego en una fotografía inmediatamente situada. En Compiègne, ese papel puede desempeñarlo la grada del hipódromo. Su presencia cuenta el contexto de los Masters de Feu: un concurso, un público, una gran cita popular e internacional. Integrar el lugar es evitar la imagen genérica. Es hacer sentir que ese fuego tuvo lugar en ese sitio preciso, con ese ambiente preciso.

Equipo: la estabilidad antes que la sofisticación

En su enfoque, el equipo es una herramienta, nunca un fin. Frédéric Lepla ha trabajado con réflex de formato completo antes de adoptar cuerpos híbridos más compactos. La ventaja es doble: un equipo más ligero para los desplazamientos y la posibilidad de utilizar ópticas gran angular adaptadas a escenas amplias. Las focales muy abiertas permiten abarcar el cielo, el decorado y, en ocasiones, al público, sin perder la amplitud del cuadro pirotécnico.

La cuestión de la estabilidad es fundamental. En exposiciones largas, la mínima vibración puede degradar la nitidez. Un trípode robusto se vuelve, por tanto, indispensable. En una réflex, el movimiento del espejo puede provocar una microvibración; en un híbrido, esa limitación desaparece. Pero, sea cual sea el cuerpo, el objetivo sigue siendo el mismo: limitar el trepidado, preservar el dibujo de los trazos de luz y obtener una imagen limpia, legible y controlada.

Los consejos de Frédéric Lepla para lograr buenas fotos de fuegos artificiales

El primer consejo es sencillo: no fotografiar a mano alzada. Un trípode estable permite bajar la sensibilidad ISO, reducir el ruido digital y utilizar un tiempo de exposición suficientemente largo. Después hay que preparar el encuadre antes de que empiece el espectáculo, porque una vez lanzadas las primeras bombas, no hay tiempo para improvisar. La localización previa es, por tanto, tan importante como el disparo.

Frédéric Lepla recomienda también pensar en términos de composición. ¿Dónde se sitúa el punto fuerte del lugar? ¿Qué parte dejar al cielo? ¿Conviene integrar gradas, un edificio, una lámina de agua, una silueta? Una buena imagen pirotécnica no depende únicamente de la belleza del fuego: depende del equilibrio entre el sujeto, el lugar y la luz.

Su truco personal consiste en utilizar filtros de densidad neutra, a menudo llamados filtros ND. Estos filtros reducen la cantidad de luz que llega al sensor y permiten alargar aún más el tiempo de exposición sin sobreexponer la imagen. Ofrecen mayor libertad para acumular varios efectos en una misma fotografía, siempre que se mantenga el control sobre la densidad luminosa.

Recuerdos de espectáculos en los cuatro rincones del mundo

La fotografía pirotécnica ha llevado a Frédéric Lepla a escenarios muy diversos: Montreal, Bruselas, Venecia, Catar, Arabia Saudí, Marruecos, Egipto, Polonia, Ucrania o incluso Gabón. Cada destino impone sus propias limitaciones: acceso, seguridad, meteorología, ángulo de visión, distancia respecto al disparo, visibilidad del decorado. El fotógrafo a veces debe buscar durante mucho tiempo el punto de vista que dará toda su fuerza a la imagen.

Entre sus recuerdos más destacados figura un inmenso fuego artificial en Kuwait City, en 2012, desplegado a lo largo de varios kilómetros de fachada. También evoca Montreal, donde pudo instalarse una cámara disparada a distancia en altura, sobre la estructura de una montaña rusa. Más cerca de Compiègne, el castillo de Vaux-le-Vicomte le ofreció un decorado muy distinto, con los jardines trazados por Le Nôtre y una atmósfera casi cinematográfica.

Una mirada al servicio de los artificieros y del público

En 2019, Frédéric Lepla señalaba con humor que varios de sus clientes estaban asociados a la velada de los Masters de Feu: el francés Grand Final, el italiano Parente y el organizador ARTEVENTIA. Esa cercanía con los profesionales del sector explica también la precisión de su mirada. Fotografiar un fuego no consiste solo en producir una bonita imagen para las redes sociales; es documentar una creación, poner en valor un saber hacer y prolongar la memoria de un espectáculo concebido para desaparecer.

La fotografía pirotécnica exige, por tanto, una forma de paciencia paradójica: preparar todo con mucha antelación para capturar un instante que apenas dura. En el objetivo de Frédéric Lepla, los fuegos artificiales se convierten en arquitecturas de luz. Conservan su magia, pero ganan una segunda vida: la de una imagen capaz de narrar el lugar, la música, el gesto del artificiero y la emoción del público.